La FEGUIFUT ha impugnado la decisión, denuncia falta de transparencia en los exámenes IRM realizados en la capital congoleña y anuncia una investigación interna para depurar responsabilidades.El combinado juvenil no llegó siquiera a debutar en la competición (18–27 de febrero) y emprendió el regreso anticipado, tal y como adelantó el periódico Mofueñ horas antes de la confirmación oficial.

La exclusión se produjo tras las pruebas de resonancia magnética practicadas en Kinshasa, donde seis futbolistas no habrían cumplido los criterios de elegibilidad por edad.En un comunicado, la Federación sostiene que actuó “con pleno respeto a la normativa vigente” y que cumplió los procedimientos administrativos y médicos establecidos por la CAF y la FIFA. Sin embargo, acepta la sanción deportiva mientras cuestiona el proceso: asegura que los resultados definitivos de las IRM no fueron entregados formalmente a la coordinación de la selección, dejando en el aire la cadena de custodia y validación de los informes.

La polémica es inevitable. ¿Hubo fallos en los controles previos realizados en Malabo? ¿O existieron inconsistencias en la evaluación aplicada por la organización en Kinshasa? La falta de documentación pública alimenta la desconfianza y golpea la credibilidad del fútbol formativo nacional.La FEGUIFUT ha pedido disculpas al pueblo ecuatoguineano y promete abrir un protocolo interno de investigación “en fechas próximas”.

El desafío ahora es doble: esclarecer qué ocurrió realmente y evitar que el descrédito vuelva a repetirse. Mientras tanto, el Nzalang Sub-17 paga las consecuencias de un conflicto técnico y administrativo que deja más preguntas que respuestas.