Según Rojas, los futbolistas fueron clasificados en la categoría 5 de la escala IRM, un parámetro que —afirma— confirma su elegibilidad para competir en categoría Sub-17. Reconoció que algunos jugadores tienen 17 años y varios meses, pero subrayó que la normativa FIFA lo permite dentro del rango establecido.Ambos han asegurado que todos los jugadores cumplen los criterios de edad establecidos por la FIFA y cuestionan, de forma implícita, la decisión disciplinaria adoptada en la competición.La declaración abre un nuevo frente en el conflicto.

Si los exámenes realizados en Malabo son correctos, ¿por qué la organización del torneo determinó irregularidades suficientes para dejar fuera a la selección? ¿Existe un margen de interpretación distinto entre los médicos nacionales y los evaluadores designados por la CAF y UNIFFAC?Mientras la Confederación Africana de Fútbol mantiene silencio oficial sobre una posible revisión, la incertidumbre crece. La Federación ecuatoguineana se enfrenta ahora a un dilema institucional: recurrir formalmente la decisión o asumir un golpe que afecta su credibilidad internacional.En juego no solo está la participación en el torneo, sino la confianza en los protocolos médicos y la transparencia del fútbol juvenil africano. La gran pregunta sigue abierta: ¿quién dice la verdad y qué consecuencias tendrá este pulso técnico y administrativo?