La Federación asegura haber cumplido con todos los procedimientos administrativos y médicos exigidos por la Confederación Africana de Fútbol y la FIFA. Sin embargo, lamenta la falta de transparencia en los resultados de las pruebas IRM realizadas en Kinshasa, cuyos informes —según la nota oficial— no fueron entregados formalmente a la coordinación del equipo. Si esto es así, el asunto merece una aclaración profunda y documentada.
No se trata de cargar las tintas contra la FEGUIFUT, pero sí de exigir mayor previsión, control y firmeza institucional. La categoría Sub-17 no es un experimento improvisado: es la base del relevo generacional y un escaparate clave para proyectar talento. Los jóvenes convocados, que se prepararon para defender la elástica nacional, no pueden ser los principales perjudicados por fallos de coordinación o por vacíos administrativos.
Pedir perdón honra, pero prevenir honra más. La anunciada investigación interna debe ser transparente y concluir en medidas concretas. El país necesita certezas, no versiones cruzadas. Si se cumplió con todo, que se demuestre; si hubo errores, que se corrijan con responsabilidad.
Porque más allá de un torneo perdido, lo que está en juego es la credibilidad del proyecto deportivo nacional. Y esa no se recupera solo con disculpas, sino con gestión seria, planificación rigurosa y liderazgo firme.









