La ciudad de Malabo, ex capital del país más allá de su tierra fértil lo más gratificante que posee son sus ríos.Tristemente, el crecimiento de la población no ha terminado de contribuir para la protección de estos ríos que más allá de ser considerados tesoros naturales de la isla han acabado siendo un desastre para propios y extraños.Todos en absoluto saben que al llegar a Malabo el río más famoso es el Cónsul (Wata foool) pero en otras latitudes hay ríos que son únicos y que marcan el día día de los residentes.
Este es el caso del barrio San Luis 2 de reciente creación cuyo tesoro más allá del vecindario es sin duda el río llamado «Yalla», pero que a día de hoy más allá del símbolo de unión que simbolizaba y que sus aguas eran una bendición para los residentes se ha convertido en la actualidad en una odisea, un río sucio cuya aguas no pueden ser recomendables para un médico.Esta es la situación de la triste imagen que presenta el río yalla del barrio San Luis 2 de Malabo un río que, en lugar de ser un símbolo de vida y belleza natural, se ha convertido en un vertedero. «Antes, el río era un lugar muy bonito, donde íbamos a lavar ropa y a pescar», cuenta Doña María, una residente del barrio. «Pero con el tiempo, la gente empezó a verter basura en él.
Alguien tira una bolsa de plástico, otro un envase de vidrio, y así sucesivamente, hasta que se convirtió en un vertedero», matiza de manera más triste.A pesar de que tras la canalización del río, este quedó muy bonito y agradable, la falta de mantenimiento y la irresponsabilidad de algunos han llevado a que se vuelva a convertir en un foco de contaminación.
«Es triste ver cómo un lugar que podía ser un tesoro natural se ha convertido en un vertedero», lamenta un joven, otro residente del barrio añade que » la gente no tiene conciencia de lo que está haciendo, tiran basura, plásticos, etc…»La situación es lamentable el Río «Yalla» no solo es un problema estético, sino que también supone un riesgo para la salud pública. La acumulación de basura y desechos más allá de atraer a insectos que transmiten enfermedades, y además contamina el suelo y el agua. «Este río es un ejemplo claro de cómo la negligencia y la falta de conciencia ambiental pueden destruir un tesoro natural. Es hora de que la comunidad y las autoridades se unan para recuperar este importante recurso y garantizar un futuro más sostenible para las generaciones venideras», recomienda un experto.









