Aquella edición, la única que ha ganado Marruecos, estuvo envuelta en una escena polémica que aún hoy se recuerda.Durante el decisivo enfrentamiento ante Guinea, el conjunto guineano logró adelantarse en el marcador. Sin embargo, la jugada generó fuertes protestas por parte del equipo marroquí, que cuestionó la decisión arbitral.

En medio de la tensión, los jugadores de Marruecos abandonaron temporalmente el terreno de juego, provocando una larga interrupción del partido mientras se desarrollaban intensas discusiones entre árbitros, futbolistas y organización.Tras varios minutos de incertidumbre, el equipo regresó al campo y el partido se reanudó.

La reacción marroquí no se hizo esperar: en el minuto 96, logró el empate en un final dramático que mantuvo en vilo a los aficionados.Ese tanto resultó decisivo para que Marruecos asegurara el título y se proclamara campeón de África por primera y única vez en su historia, en una final que quedó marcada tanto por la polémica como por su desenlace épico.