Hay modas que pasan, y hay costumbres que preocupan. En nuestra sociedad está proliferando con fuerza un nuevo fenómeno: *el uso de gafas oscuras en encuentros oficiales y eclesiásticos.

Lo que antes era una excepción, hoy se está convirtiendo en norma, se ha registrado en plenas sesiones del Parlamento y del Senado, en cultos de oración, y lo más llamativo, durante la solemne ceremonia de jura de cargos de los nuevos, Secretarios Generales, Directores Generales y asimilados ante el Jefe de Estado.

¿De verdad es necesario llevar gafas oscuras en un salón cerrado, mirando frente a frente a la máxima autoridad del país?

Para muchos ciudadanos, esta práctica muestra desprecio y una clara falta de respeto a la autoridad y a la institución, en un acto oficial, el contacto visual es respeto. Las gafas oscuras crean una barrera, esconden la mirada y transmiten arrogancia.

No se trata de un problema de salud visual. Se trata de una moda mal entendida de «verse importante». Pero el verdadero respeto no está en las lentes que se llevan, sino en la actitud que se muestra.

La etiqueta y el protocolo existen por algo, en ningún país serio se permite comparecer ante un Jefe de Estado o ante el altar con gafas oscuras, salvo prescripción médica.

Por eso, pedimos a las autoridades tomar cartas en el asunto, es necesario regular y recordar las normas de protocolo y civismo en actos oficiales y religiosos.

Nuestro país merece que sus representantes den ejemplo de sobriedad, humildad y respeto.

Quitarse las gafas ante la autoridad no quita autoridad. Al contrario, da prestigio.