El consumo de “calabachop”, una arcilla comestible, sigue creciendo en las calles. Lo que parece inofensivo puede provocar graves problemas digestivos y pasar desapercibido como amenaza sanitaria.En mercados, esquinas y puestos improvisados, el “calabachop” se vende como un producto más. Su apariencia no levanta sospechas: pequeñas piedras de arcilla que muchas personas consumen por costumbre, antojo o tradición. Sin embargo, detrás de este hábito aparentemente inocente se esconde un riesgo real para la salud.La práctica es especialmente común entre mujeres y jóvenes, quienes representan la mayoría de consumidores. Algunas lo hacen por gusto, otras por creencias culturales o incluso como respuesta a necesidades nutricionales no atendidas. Pero lo preocupante es que, en la mayoría de los casos, no existe conciencia sobre sus efectos negativos.Especialistas advierten que ingerir este tipo de arcilla puede provocar problemas digestivos severos. Desde estreñimiento persistente hasta bloqueos intestinales que, en situaciones extremas, requieren intervención médica urgente. A esto se suma la posible presencia de sustancias contaminantes en el producto, lo que agrava aún más el peligro.Pese a estos riesgos, la venta de “calabachop” continúa sin control visible. Se comercializa libremente en espacios públicos, sin regulación ni advertencias para el consumidor.
Esta falta de supervisión convierte el problema en una cuestión de salud pública que no puede seguir ignorándose.Expertos y ciudadanos coinciden en la necesidad de actuar. Informar, concienciar y regular su venta son pasos clave para evitar consecuencias mayores. Porque lo que hoy se consume como un simple capricho podría convertirse mañana en una emergencia silenciosa.








