«Atender con debida diligencia o cortesía al público.»

Este deber implica que todo funcionario público debe:

  • Prestar un servicio ágil, eficiente y oportuno.
  • Tratar a los ciudadanos con respeto, educación y amabilidad.
  • Evitar conductas de desatención, indiferencia, malos tratos o retrasos injustificados.
  • Actuar con profesionalidad, garantizando una atención de calidad a todos los usuarios de la Administración Pública.

Una atención pública eficiente, respetuosa y orientada al ciudadano fortalece la confianza en las instituciones y contribuye a una Administración Pública moderna, transparente y al servicio del interés general.