Duele decirlo, pero es la realidad que vemos todos los días en nuestras calles, en nuestras familias y en nuestras escuelas.
En nuestra sociedad, el 70% de las parejas son lindas mientras no tienen hijos. Se prometen el mundo, se toman fotos, se dicen «para siempre. Pero basta con que llegue la noticia de un embarazo para que el «para siempre» se convierta en «yo no sabía.
Una vez concebida la chica, la pareja se separa. El hombre se va. Y ella se queda. Sola. Con una vida creciendo dentro y con el peso de una responsabilidad que era de dos.
Hoy, el mayor porcentaje de niñas y niños en Guinea Ecuatorial están creciendo sin padres. No por orfandad. Por abandono.
Esto no es un ataque a nadie. Es un grito de alerta.
Ser padre no es un accidente. Ser madre no es una condena. Un hijo no es un problema, es una bendición y una responsabilidad compartida.
¿De qué sirve enamorar si luego se huye? ¿De qué sirve el noviazgo bonito si no hay compromiso para lo difícil?
Hacemos un llamado a los jóvenes: piensen antes de actuar.. El amor se demuestra quedándose.
A las familias: eduquen a los hijos varones en responsabilidad, no solo en conquistar.
A la sociedad: dejemos de normalizar el abandono*. Un niño sin padre es una herida que tarda generaciones en cerrar.
Porque al final, no se trata de cuán linda fue la pareja sin hijos.
Se trata de cuán valiente es la pareja con hijos.
Conducir una familia también es una responsabilidad, no un juego.









