La promesa fue integrar a los mejores del torneo doméstico al combinado nacional, sin embargo, la primera convocatoria del nuevo seleccionador acaba de caer como un jarro de agua fría.
De cara a los partidos del parón FIFA ante Congo y Sierra Leona, el técnico ha contado con sólo uno de los futbolistas que participaron en el campus. La lista está compuesta, de nuevo, en su mayoría por jugadores de la diáspora.
Entonces, ¿para qué sirvió el campus?
La pregunta la hacen ya muchos aficionados y dirigentes en Malabo, Bata y en el interior del país. Si el objetivo era buscar alternativas locales, ¿por qué el resultado final es el mismo de siempre?
La FEGUIFUT invirtió recursos, tiempo y logística en concentrar a esos jugadores, los clubes pararon sus entrenamientos, los futbolistas dejaron sus equipos con la ilusión de una oportunidad.
Al final, esa oportunidad no llegó.
Esto no es un ataque al nuevo seleccionador, tiene derecho a elegir a quien considere mejor. Pero sí es un llamado de atención a la planificación.
No tiene sentido organizar un campus si no hay un compromiso real de darles continuidad, no tiene sentido ilusionar a los jugadores locales si luego la puerta de la selección sigue cerrada.
El fútbol ecuatoguineano necesita de los de fuera y de los de dentro, pero si la FEGUIFUT quiere que la liga local crezca y que los jóvenes crean en el proyecto, el campus no puede quedarse en una foto.
Debe traducirse en convocatorias, en minutos, en confianza, de lo contrario, el próximo campus será otra pérdida de tiempo. Y la brecha entre la Nzalang y la liga nacional será cada vez más grande.









