Lo que ocurre en las calles de Bata ha dejado de ser una simple molestia para convertirse en un problema serio de salud pública y convivencia. No es aceptable que, en pleno entorno urbano, las aceras y esquinas se utilicen como si fueran aseos improvisados.
La realidad es especialmente visible en mercados y otros espacios públicos de gran afluencia, donde a diario se registran escenas que incomodan a los ciudadanos. En estos puntos, algunas personas entre ellas comerciantes y residentes de distintos orígenes realizan prácticas de aseo en plena vía pública, utilizando aceras y rincones como lugares para lavarse.

No se trata de casos aislados. Hablamos de una práctica repetida que incluye el lavado de piernas, de la boca, de la cabeza y de otras partes del cuerpo, sin ningún tipo de control ni condiciones adecuadas. Lo que para algunos puede parecer un hábito cotidiano, para el conjunto de la ciudadanía representa un foco de insalubridad y una falta de respeto al espacio común.
Varios ciudadanos han intentado, sin éxito, sensibilizar a quienes incurren en estas conductas, apelando a la necesidad de mantener la ciudad limpia y respetar las normas básicas de convivencia. Sin embargo, la indiferencia sigue siendo, en muchos casos, la respuesta dominante.
Algunos intentan justificar esta situación aludiendo a hábitos personales o a dinámicas propias de la vida en mercados. Pero más allá de cualquier explicación, hay una línea que no debe cruzarse: el espacio público no puede convertirse en un lugar donde todo vale.
Aquí no solo falla quien realiza estas prácticas; también falla la falta de control. La ausencia de medidas visibles y de sanciones efectivas contribuye a que este problema se normalice peligrosamente.
Bata merece dignidad. Y esa dignidad pasa por recuperar el orden en sus mercados, en sus calles y en cada espacio compartido. Es momento de actuar con firmeza: más vigilancia, más educación cívica y menos tolerancia frente a conductas que degradan la ciudad.









