La decisión, tomada por la comisión disciplinaria, deja fuera al combinado nacional días después de que ya se hubieran descartado a seis futbolistas por el mismo motivo antes del inicio oficial de la competición.
Lo que parecía un simple ajuste previo a la lista definitiva ha terminado en un golpe institucional. Según la resolución, seis jugadores no superaron los controles médicos de edad exigidos por el reglamento. Sin embargo, la polémica surge porque, antes del torneo, la propia delegación ecuatoguineana ya había realizado pruebas médicas y había excluido a varios futbolistas. ¿Cómo es posible que, tras un primer filtro, el equipo completo termine siendo descalificado?
La pregunta que sobrevuela el escándalo es directa: ¿fallaron los controles internos de la selección o los mecanismos de verificación de la organización? Si los exámenes previos se realizaron conforme a los protocolos, resulta llamativo que la comisión disciplinaria detectara nuevas irregularidades determinantes. Y si no se cumplieron los estándares, la responsabilidad recaería en la estructura técnica y médica del propio combinado.La expulsión no solo afecta a los jugadores, que regresan a casa sin competir, sino que también golpea la credibilidad del fútbol formativo nacional.
La Federación queda ahora bajo presión para aclarar qué ocurrió realmente y asumir responsabilidades. Más allá del resultado administrativo, el episodio deja una herida profunda en la planificación deportiva y en la imagen internacional del país en competiciones juveniles.









