El incidente ocurrió durante las primeras horas de la mañana. La mujer se encontraba trabajando con normalidad cuando comenzó a escuchar fuertes ruidos procedentes de la vegetación, aunque inicialmente no imaginó que se trataba de un elefante.
«Llegué a la finca por la mañana, como de costumbre, y empecé a trabajar. Sobre las diez escuché unos ruidos muy fuertes que no eran habituales en nuestra zona. Eso me alarmó, pero continué con mis labores, quitando hierbas y plantando», relató.
La situación cambió poco después, cuando la agricultora descubrió que el animal se encontraba muy cerca de ella.
«De repente noté una gran sombra detrás de mí. Cuando me giré, vi al animal a pocos metros. A pesar de mi experiencia, nunca antes había visto un elefante en persona», explicó.
El temor la llevó a abandonar rápidamente el lugar y buscar refugio entre la vegetación. Durante la huida llegó a caer en varias ocasiones.

«Me eché a correr. En la fuga me caí tres veces, pero me volví a levantar como pude hasta ponerme a salvo», recordó.
El encuentro terminó sin que la mujer resultara herida. Según su relato, el elefante tampoco mostró una actitud agresiva, sino que permaneció en la zona buscando alimento antes de continuar su recorrido.
«Ante todo, el animal no me hizo daño; simplemente vino buscando comida, comió y continuó su trayectoria», señaló.
El episodio vuelve a poner de manifiesto la proximidad entre las actividades agrícolas y la fauna silvestre en algunas zonas rurales de Aconibe. Para los agricultores, estos encuentros representan un riesgo para su seguridad y también pueden afectar a los cultivos, especialmente cuando los animales se acercan a las fincas en busca de alimento.
El testimonio de la agricultora refleja así una situación que las comunidades rurales afrontan en ocasiones durante sus actividades cotidianas en el campo: trabajar en espacios donde la presencia de animales silvestres forma parte de su entorno habitual.









