En su homilía, el sacerdote ha tomado como referencia el Evangelio de Mateo (22, 34-40), en el que Jesús resume los mandamientos en dos principios esenciales: amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente, y amar al prójimo como a uno mismo.

«Nadie puede decir que ama a Dios sin que ese amor se vea en el hermano», ha afirmado el párroco, subrayando que la fe cristiana no debe quedarse únicamente en la oración, sino traducirse en acciones concretas que favorezcan la convivencia, el perdón y la ayuda mutua.

La reflexión ha abordado también el mensaje de las demás lecturas bíblicas. A partir del libro del Éxodo, el celebrante ha destacado la necesidad de actuar con justicia, evitar la usura y proteger a las personas más vulnerables. Por su parte, la lectura de la primera carta a los Tesalonicenses ha servido para invitar a los cristianos a abandonar las actitudes que los alejan de Dios, como el engaño y el odio, y a vivir de manera coherente con su fe.

La celebración eucarística ha contado con la participación de otros miembros del altar y se ha desarrollado en un ambiente de recogimiento y fervor religioso, en el marco de los actos organizados en honor al patrón de la parroquia.

La jornada ha concluido con un llamamiento a los feligreses a llevar las enseñanzas del Evangelio a su vida cotidiana, siguiendo el ejemplo de san Juan Pablo II, cuya trayectoria estuvo vinculada a la defensa de la dignidad humana y la promoción de la paz.

El mensaje central de la festividad ha sido, por tanto, la necesidad de que el amor a Dios se manifieste en el trato hacia los demás, mediante una conducta basada en la justicia, la reconciliación y la fraternidad.