Durante su homilía, el «Santo Padre» ha comenzado expresando sus más sinceras condolencias por el fallecimiento del padre Fortunato, recordando su servicio y dedicación a la Iglesia.

En su mensaje, el Papa ha subrayado la importancia de la fe, afirmando que “solo el que viene de Dios ha visto al Padre” y que “el que cree tiene vida eterna”. En este sentido, ha explicado que cada persona, al decidir creer, elige entre la desesperación o la esperanza, marcando así el camino que desea seguir en su vida espiritual.

El Pontífice ha destacado que Cristo es el centro de la vida cristiana: “Cristo lo es todo para nosotros. En Él encontramos la salvación, la fuerza y la vida. Si estamos en tinieblas, Él es la luz; si queremos ir al cielo, Él es el camino”. Asimismo, ha insistido en que no hay mejor mensaje que anunciar al mundo que el Evangelio, una misión que, según ha recordado, involucra a todos los bautizados.

El Papa también ha advirtido sobre los peligros del egoísmo, señalando que cuando la vida se centra únicamente en los propios intereses, se pierde el espacio para los demás. Por ello, ha hecho un llamado a practicar la justicia y la solidaridad entre los hermanos.

Finalmente, ha animado al pueblo de Guinea Ecuatorial a continuar con alegría la misión de los primeros discípulos de Jesús, manteniéndose firmes en la fe y celebrando la Eucaristía.

La celebración ha contado con la presencia del Presidente de la República, miembros del Gobierno y una amplia participación de fieles que llenaron el recinto.

La misa en Malabo se enmarca en la visita pastoral del Papa León XIV al país, como último acto de su agenda de visita en Guinea Ecuatorial centrada en el fortalecimiento de la fe y la unidad del pueblo cristiano.