Los controles de tráfico en Bata han abierto una nueva fuente de malestar entre los taxistas. Los profesionales del transporte público cuestionan lo que consideran una fiscalización selectiva, al asegurar que los agentes concentran buena parte de sus actuaciones sobre los taxis, mientras otros vehículos particulares circularían, según sus denuncias, con irregularidades documentales.
La pregunta que plantea el sector es directa: ¿se está aplicando la normativa de tráfico con el mismo rigor a todos los conductores?
Para convertirse en taxista, los conductores aseguran que deben transformar sus vehículos, obtener las acreditaciones correspondientes y asumir el pago de licencias e impuestos. Sin embargo, afirman que, pese a tener su documentación en regla, son detenidos y revisados de manera recurrente.
“Yo compré mi coche, era personal, lo pinté de taxi, hice todas las acreditaciones, todos los documentos y pagué todos los impuestos”, relata uno de los conductores.
El problema, según su testimonio, no sería la existencia de controles, sino quiénes son controlados, con qué frecuencia y bajo qué criterios.
“No entiendo por qué los agentes de tráfico se fijan en nosotros, habiendo coches particulares sin documentación que no pagan impuestos. En todo momento están detrás de nosotros, como si fuéramos nosotros los que no pagamos”, denuncia.
Las acusaciones más delicadas tienen que ver con supuestos pagos realizados durante algunos controles. El conductor sostiene que, en determinadas ocasiones, los taxistas se ven obligados a entregar dinero en efectivo para poder continuar su recorrido.
“En algunas ocasiones les tenemos que pagar solo para dejarnos pasar y ese dinero que nos cobran a mano no sabemos si lo ingresan o no”, afirma.
Esta acusación no constituye por sí misma una prueba de corrupción, pero plantea una cuestión que las autoridades competentes podrían esclarecer: si se producen cobros durante los controles, ¿qué concepto los justifica, quién los recibe y dónde queda registrado ese dinero?
¿Controlar o perseguir al sector del taxi?
Los taxistas sostienen que el actual sistema de controles está teniendo un impacto directo sobre sus ingresos. Cada retención significa tiempo perdido, carreras que no pueden realizar y, en consecuencia, menos ingresos al final de la jornada.
Mientras tanto, aseguran que determinados vehículos particulares pueden circular con mayor libertad pese a presentar, según sus denuncias, posibles deficiencias relacionadas con el seguro, la inspección técnica o los permisos de circulación.
La cuestión central no es si los taxis deben cumplir la ley. Deben hacerlo, como cualquier otro vehículo. El interrogante es si esa misma exigencia se está aplicando de manera efectiva al conjunto de los conductores.
Por ello, el sector reclama a las autoridades de tráfico que expliquen los criterios utilizados en los controles y que, si existen irregularidades, sean investigadas y corregidas.









