La delegación ecuatoguineana presentó una hoja de ruta que busca transformar los recursos naturales del país en activos económicos sostenibles, alejándose del modelo tradicional basado en subvenciones internacionales. El objetivo es generar ingresos estables que permitan reforzar la conservación del medio ambiente y mejorar las condiciones de vida de las comunidades locales.
Encabezada por el director general del Instituto para la Conservación del Medio Ambiente (INCOMA), , la representación nacional defendió una estrategia alineada con el Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social 2035. El planteamiento sitúa a los bosques como eje central de una nueva economía verde basada en la captura y comercialización de carbono.

Durante su intervención, Guinea Ecuatorial subrayó la necesidad de adaptar su marco legal para facilitar inversiones verdes. Entre las prioridades destacan la creación de mecanismos de pago por servicios ecosistémicos y el impulso de modelos de desarrollo sostenibles que integren a las comunidades rurales.
Asimismo, el país busca posicionarse dentro de la iniciativa regional de la , junto a naciones como Camerún y la República Centroafricana, mediante proyectos orientados a la generación de bonos de carbono. No obstante, las autoridades reconocen desafíos técnicos clave, como el fortalecimiento de los sistemas de medición, reporte y verificación ambiental, así como la actualización de inventarios ecológicos.
La delegación insistió en que el éxito de esta estrategia dependerá de una gobernanza ambiental sólida y de garantizar que los beneficios lleguen directamente a la población, especialmente en zonas rurales.
En esa línea, el Gobierno ya ha comenzado a aplicar medidas concretas, entre ellas la reducción de concesiones forestales para la explotación maderera, la lucha contra la tala ilegal y la ampliación de áreas protegidas. Además, se prevé la creación de concesiones específicas destinadas a la captura de carbono con el objetivo de atraer inversión internacional.
El foro, impulsado con el apoyo del , se consolida como un escenario clave para que Guinea Ecuatorial se proyecte no solo como guardián de su biodiversidad, sino también como un actor emergente en la economía verde global.









