Cada tarde, cuando las máquinas se detienen y los operarios abandonan la obra, la carretera deja de ser un espacio de trabajo para transformarse en un área de recreo. La amplitud del terreno despejado, libre momentáneamente de tráfico y maquinaria, se convierte en un improvisado patio de juegos para decenas de menores.
En una ciudad donde escasean los espacios recreativos, este tramo en construcción se ha vuelto el refugio perfecto para la infancia. Allí se observan grupos de niños saltando a la comba, corriendo o practicando juegos tradicionales como el gooh, una imagen que refleja alegría, pero que al mismo tiempo destapa una realidad preocupante: la alarmante falta de infraestructuras de ocio y deporte en algunos barrios.
Sin embargo, detrás de esa aparente normalidad se esconde un grave peligro. Lo que para ellos representa diversión, para los vecinos y familias supone un riesgo constante. La presencia de zanjas, materiales de construcción y posibles estructuras inestables convierte este espacio en una amenaza silenciosa.
Esta situación plantea una paradoja inquietante: la vitalidad y necesidad de juego de la infancia frente al peligro real que representa una zona de obras.
Ante esta realidad, la gestión responsable del espacio y la creación de alternativas deben ser una prioridad. Las autoridades locales y los responsables de la obra están llamados a actuar con urgencia para garantizar la seguridad de los menores.
Entre las medidas necesarias destacan:
Seguridad perimetral: reforzar el vallado de las zonas de obra al finalizar la jornada laboral para impedir el acceso a espacios que, aunque parezcan despejados, siguen siendo peligrosos.
Sensibilización comunitaria: concienciar a las familias sobre los riesgos que supone permitir que los menores utilicen estas áreas como lugar de juego.
El uso recreativo de esta carretera es, en realidad, un grito de auxilio de una infancia que reclama espacios seguros para crecer, jugar y desarrollarse. La ciudad debe responder con la creación de parques, canchas y zonas deportivas adecuadas donde los juegos tradicionales y la convivencia infantil puedan desarrollarse sin poner vidas en peligro.
La modernización de nuestras vías es importante para el desarrollo urbano, pero no puede hacerse a costa de la seguridad de quienes representan el futuro de nuestra sociedad.
Ante esta situación, la ciudadana Marisol Mangue Nguema Ndoho hace un llamado a la prudencia y a la acción colectiva: cuidar nuestros espacios es importante, pero proteger la vida y el derecho de nuestros niños a jugar en lugares seguros debe ser siempre la prioridad.









