La creación de un cuerpo nacional de salvavidas profesional es una necesidad urgente e impostergable para frenar la alarmante cifra de jóvenes que mueren ahogados cada año en las playas de Guinea Ecuatorial.
A pesar del enorme potencial turístico y recreativo de nuestro litoral atlántico, la falta de infraestructuras básicas de seguridad y vigilancia convierte a las playas nacionales en escenarios habituales de luto familiar. La ausencia de personal cualificado para realizar rescates y aplicar primeros auxilios expone a la población a corrientes letales sin ningún tipo de protección.

Un cuerpo de salvavidas no solo actúa en el momento del rescate crítico; su valor principal radica en la prevención y la educación. Países que han implementado normativas estrictas de seguridad acuática han logrado reducir drásticamente sus tasas de mortalidad costera. El despliegue de torres de vigilancia, la delimitación de zonas seguras y la capacitación comunitaria en reanimación cardiopulmonar (RCP) son pilares fundamentales para proteger el turismo y la vida de los ciudadanos locales.
Es hora de dejar de ver los ahogamientos como «accidentes inevitables» y empezar a tratarlos como un problema de salud pública que requiere presupuesto, infraestructura inmediata. Nuestras playas deben ser sinónimo de vida y recreación, no de luto familiar.

En definitiva y ante la emergente irrupción del turismo nacional con las playas en portada, debe conmover a las autoridades del sector reaccionar desde ya formando al personal cualificado para trabajar en las playas y así evitar los diferentes sinietros que habitualemente se registran en este enclave turístico.









